Tiempo después... de vez en cuando... de cuando en ves... regresaba yo sobre mis pasos, por el sendero, por la ruta a la profundidad. Caminaba sin mirar, sin observar, pues ya todo conocido era para mí. Cada árbol, cada flor, cada arbusto y sus espinas, cada nido en las alturas, cada canto y las ardillas... Todos me conocían a mí. Y aún el árbol grande aparta su ramaje en reverencia, hacia mí... Todos me recuerdan, como te recuerdan a ti.
Tu única presencia abrazó mi alma de frescura, sabiduría, arte y amor. Y yo volvía, y yo volvía, otra vez, para encontrarnos. Danzas me enseñabas, música, esplendor. Ah, qué dicha, gozo, al tomarnos de la mano, al oír susurros de inocente pasión...
Tu única presencia abrazó mi alma de frescura, sabiduría, arte y amor. Y yo volvía, y yo volvía, otra vez, para encontrarnos. Danzas me enseñabas, música, esplendor. Ah, qué dicha, gozo, al tomarnos de la mano, al oír susurros de inocente pasión...
Y todo el sueño, la droga, la vida gloriosa, en un instante acabó. Todo, por la fiera hacha del impune leñador.
Y murió mi fantasía, mi anhelo en la vida. Las flores en el bosque, ¿dónde está ahora su color? Ya no siento más fragancias. ¿Dónde fueron? Y creo... acompañaron ellas tu inmaculado espíritu al otro mundo, al "allá". Ojalá...
Y, contigo, perdí mi encanto, la pureza del hablar, el dulce rostro, y la palabra servicial. Se marchitó mi flor, la de mi pecho, como aquellas del jardín. Entonces, otro buen día, hacia mi abuelita fui. La canasta no variaba: frutas, tortas, mantequilla, leche, té y limón. Muy tranquila me senté, ella ya se acostumbraba a n verme sonreír, no preguntaba. Luego, luego, se sirvió. "¡Oh, que dulce maravilla!" muy alegre exclamó. Por supuesto, mi pastel que tanto le gustó. Y solo esperé un rato, no fue mucho qué hacer, en cambio ella, sí sufrió. !Oh, cómo se retorcía! ¡Oh, que sádica mi alegría! Mienten sobre la venganza, que agridulce es, y, te lo aseguro, la disfruté...
Ahora, solo vuelvo en mis pasos, una, y otra, y otra vez. Ya las flores se inclinan, dicen, recuperé mi esplendor. ¿Mi rostro? Tal vez curioso o infantil, como hace tiempo, hace años, hace días.. cuando te conocí.
Pero no me reconocerías, ya tan pequeña no soy, y la bella caperuza, hace siglos se perdió...
Y, contigo, perdí mi encanto, la pureza del hablar, el dulce rostro, y la palabra servicial. Se marchitó mi flor, la de mi pecho, como aquellas del jardín. Entonces, otro buen día, hacia mi abuelita fui. La canasta no variaba: frutas, tortas, mantequilla, leche, té y limón. Muy tranquila me senté, ella ya se acostumbraba a n verme sonreír, no preguntaba. Luego, luego, se sirvió. "¡Oh, que dulce maravilla!" muy alegre exclamó. Por supuesto, mi pastel que tanto le gustó. Y solo esperé un rato, no fue mucho qué hacer, en cambio ella, sí sufrió. !Oh, cómo se retorcía! ¡Oh, que sádica mi alegría! Mienten sobre la venganza, que agridulce es, y, te lo aseguro, la disfruté...
Ahora, solo vuelvo en mis pasos, una, y otra, y otra vez. Ya las flores se inclinan, dicen, recuperé mi esplendor. ¿Mi rostro? Tal vez curioso o infantil, como hace tiempo, hace años, hace días.. cuando te conocí.
Pero no me reconocerías, ya tan pequeña no soy, y la bella caperuza, hace siglos se perdió...
¡Oh! ¿Y tu sombra? ¡¿¿Dónde, dónde quedó??

*O* lo ame~
ResponderEliminarsimplemente maravilloso >w<
"y la bella caperuza, hace siglos se perdió..."
ame esta frase en especial nwn
no preguntes el por que, simplemente la ame~ nwn