sábado, 25 de septiembre de 2010

Ahí está el paraje donde la Luna contaba cuentos y las piedras reían. Aullaba la bruma y las aguas… sonreían.
Continúa entre las sombras el imponente portal. Nos llama, nos invoca… no lo deseo cruzar. Sin embargo, tú vas, caminas trémulo hacia él. Temes, pero sigues, sin voltearme a ver.
Entonces, la niebla deja de aullar, la Luna derrama lágrimas de cristalino rocío, mientras que la nívea densidad te atrae, más y más. Y ya estás muy cerca, demasiado.
Todo brilla en esplendor…
Y ya no estás.

Pero yo no, me alejo. Busco el cobijo en la dulce oscuridad… me comprende. Me alejo más... más.
La Luna susurra cuentos, me narra cómo las almas desaparecen tras el portal. Me narra cómo las almas se vuelven mundanas, de cómo lastiman unas a las demás. Me narra del dolor, me narra del amor. Y temo, y me estremezco, ¿el amor…?

No iré al portal, yacerá mi alma aquí, intacta, inmaculada. Yacerá mi alma fría y temerosa al más allá, no será herida, no será tocada. Nada la perjudicará, ni amada será.

Y en mi limbo de fantasía, escucho el canto de la Luna… sobre la realidad
.

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